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Hombre de fe

Orixe era un hombre de fe. Algo que se expresa muy bien en el pequeño poema que se ve en su tumba en el cementerio de Donostia:

Agur, Fede, lurrean
nuen itsu mutil.
Zuri esker, leizean
ez nun egin amil.

(Adios, fe, que en la tierra fue mi lazarillo. Gracias a ti, no caí en el abismo)