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Juegos Florales

Los primeros Juegos Florales se celebraron en Tolosa de Francia para impulsar la poesía provenzal (1324). Desde que Luis XIV concedió a dichos Juegos el nombre de Academia (1649) se han realizado anualmente. Se organizaron en Cataluña, tuvieron su apogeo durante los s. XIV y XVI, y resurgieron en el s. XIX, extendiéndose a toda la península ibérica. Los primeros Juegos Florales vascos fueron organizados por Antoine Abbadia en Urruña (1853). La mejor obra de las presentadas al Concurso se seleccionaba en un ambiente festivo y, debido a que se otorgaban importantes premios, se presentaban muchas obras. En estos Juegos Florales se hicieron públicas, entre otras, Chorinoa Kayolan de Larralde y Apexa eta lorea de Elizanburu. Se celebraron en Urruña durante 10 años, en Sara entre 1864 y 1876 y después, cambiaban de lugar cada año. Los primeros Juegos Florales en Euskal Herria sur se celebraron en Elizondo (1879). Los Juegos Florales de Donostia se organizaron por iniciativa de José Manterola (1882); además del concurso literario, se realizaban también concursos de música (y de pintura). Los Juegos Florales duraron medio siglo y ayudaron a resurgir el amor al euskera, que estaba muy decaído. Abrieron el camino del bersolarismo hacia la poesía y con el pretexto de la literatura se estrecharon las relaciones entre los vascos de ambos lados del Pirineo.