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Al Pacino, amante de los retos (II)
vie, 07 ago 2009 18:32:00 +0200

Durante su larga trayectoria, el actor estadounidense Al Pacino ha intentado siempre combinar sus dos grandes pasiones: el cine y el teatro. Nunca ha abandonado los escenarios a pesar del éxito de sus películas. Considera que en el teatro se encuentra la esencia de la interpretación y es consciente de lo mucho que le debe a este mundo dado que sus orígenes como actor se encuentran allí. En el futuro, piensa seguir con este esquema y declara que nunca dejaría el teatro por el cine ni a la inversa.

Leves altibajos

Como cabía esperar, no han sido todo éxitos; más de un desastre ha manchado la carrera de Al Pacino. A principios de la década de los 80, cuando su carrera ya había despegado, dio un ligero revés gracias en parte a trabajos como A la caza y Autor, autor que fueron duramente criticados. Sin embargo, con Scarface (1983), dirigida por Brian De Palma, Pacino alzó de nuevo el vuelo. Revolución (1985), de nuevo fue muy criticada y un desastre en taquilla, lo que hizo que el actor apartara el cine por el teatro durante cuatro años.

Tras concluir este receso, a partir de la década de los 90 el nivel de sus trabajos ha ido en aumento. Hoy por hoy, solo hemos de remontarnos unos meses para fijarnos en otro de sus papeles mediocres. La cinta 88 Minutos de 2008, pasó prácticamente desapercibida en taquilla y, en cuanto a las críticas, los expertos en cine la consideraron un filme de bajo presupuesto afirmando que tanto Pacino como Robert De Niro últimamente trabajan sólo por las ganancias monetarias y empiezan ya a descuidar el material en el que aparecen.

Encarnará al "Doctor muerte"

Pese a todo, el actor planea regresar a la gran pantalla dando vida a Jack Kevorkian, un ex-patólogo estadounidense cuyo lema era "morir no es un crimen" y que dijo haber ayudado a unas 130 personas a suicidarse durante la década de los 90.

Esta película estará dirigida por Barry Levinson (Rain Man, 1988) y se centrará en la figura de Kevorkian y en la invención de la llamada "máquina del suicidio", un aparato que permitía a un paciente inyectarse por sí solo una dosis letal de potasio y cloruro.

El guión, firmado por Adam Mazer (Breach), está libremente basado en el libro Between the Dying and the Dead: Dr. Jack Kevorkian, the Assisted Suicide Machine and the Battle to Legalize Eutanasia, de Neal Nicol.

Basada en la cruda realidad

Kevorkian era un defensor a ultranza de la eutanasia que se ganó el sobrenombre del "Doctor muerte" por creencias tales como la de que ningún experimento era demasiado descabellado. A principios de los sesenta ya ensayaba transfusiones de sangre de cadáveres a personas vivas, buscaba permisos para experimentar con reos condenados a muerte por considerar "un privilegio único hacer pruebas con un ser humano que va a morir" y trataba de ampliar tales experimentaciones a cualquier persona que estuviera "frente a una muerte inminente e inevitable".

Su obsesión por la muerte también comenzó a ser evidente en su pasatiempo: la pintura. Imágenes de asesinatos y personas decapitadas eran su tema constante e incluso llegó a usar su propia sangre como tinta para manchar el marco de su cuadro titulado Genocidio.

Kevorkian fue condenado en 1999 a una sentencia de entre 10 y 25 años de cárcel por el asesinato en segundo grado de Thomas Youk, de 52 años, enfermo de esclerosis lateral amiotrófica, una dolencia mortal, a quien administró una letal dosis de drogas.

El médico grabó las imágenes de este hecho que fueron emitidas en televisión por el programa "60 Minutes", del canal CBS. Kevorkian quedó en libertad en junio de 2007, tras haber cumplido ocho años de cárcel.

(Fotos: imdb)