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Armónicos musicales

El fenómeno de los armónicos del sonido ha sido fundamental para el desarrollo de la música en Occidente. Por ejemplo, al pulsar la tecla Do del piano, no sólo se escucha el sonido correspondiente a la misma (la nota llamada fundamental), sino que la cuerda metálica pulsada genera también, aunque con menor intensidad, sonidos con frecuencias iguales a múltiplos de la anterior: primero un Do una octava superior, después un Sol, más tarde un Mi, y así sucesivamente. En este principio se basa el uso de los acordes, o grupos de tres o más notas (por ejemplo, Do-Mi-Sol), sobre los que se sustentan los pasajes de la música clásica y popular, basados en una sucesión de tensiones («disonancias ») y resoluciones de acordes (recuperación de la «consonancia» dentro de la tonalidad).